23 julio 2008

Mi quinteto ideal para el futuro (Marc Gasol, Pau Gasol, Víctor Claver, Rudy Fernández y Ricky Rubio)











Los pívots








Pau Gasol.

Felipe Reyes y Marc Gasol.

Jorge Garbajosa.

Los aleros






















Carlos Jiménez.
Berni Rodríguez y Álex Mumbrú.
Juan Carlos Navarro y Rudy Fernández.

Los bases
















José Manuel Calderón.
Raül López y Ricky Rubio.

Ya queda poco... (Aíto y Víctor Claver)













06 julio 2008

Ilusión


01 julio 2008

Baloncesto

Ricky Rubio y Pau Gasol

En plena resaca de fútbol, yo sigo soñando con los Juegos Olímpicos de Pekín.

07 junio 2008

¡Feliz Cumpleaños, Prince!


Feliz 50º cumpleaños, querido Prince.

24 abril 2008

Etapas principescas


1978-1987. Etapa azul-púrpura. Primera década: la calidad y el nacimiento de un mito.
La primera década de Prince abarca diez álbumes en los que el genio desarrolla todo su potencial creativo antes de cumplir los treinta años. Desde los veinte a los veintinueve, a Prince le da tiempo a debutar con dos discos diferentes, a formar varios grupos musicales, a provocar escándalos con las letras de sus canciones, a pasar a la historia por la cantidad de discos vendidos en Estados Unidos y posteriormente en toda la Tierra, a imprimir un sello definitivo a la concepción artística de los 80, a ganar un Óscar, a protagonizar dos películas, a marcar tendencia y dictaminar el camino que debía seguir la música de pop y de vanguardia durante años, a realizar giras mundiales y marcar una huella imborrable en sus innovadores conciertos, a llegar a la cima creativa tanto desde el punto de vista comercial como artístico, a salir con varias mujeres, a revolucionar la industria musical batiendo récords de copias vendidas con un disco pirata, a alcanzar su madurez compositiva, a crear controversias entre la crítica y el público, a desarrollar diferentes líneas instrumentales que fueron desde la música clásica a la electrónica y experimental, a cambiar radicalmente de imagen al menos cinco veces, a diseñar completamente los álbumes de varios cantantes y grupos, a dejar en su baúl un cúmulo innumerable de canciones inéditas que llegarían directamente al corazón de sus fans y alimentarían su leyenda de genio prolífico e hiperactivo. La realidad es ésta: antes de cumplir los treinta años, Prince había demostrado todo. No le quedaba nada por hacer, prácticamente ninguna vertiente musical que tocar. Había destrozado todas las expectativas de ventas y alcanzado el centro mundial gracias al gran éxito que obtuvo con “Purple rain” en 1984. Había dejado boquiabiertos a todos los críticos con su mayor cima creativa, posiblemente el mejor disco de su carrera y quizá de toda la década de los 80: el complejo doble LP “Sign “O” the times” de 1987. De ahí que le viniera la crisis de valores antes de su trigésimo cumpleaños, y estuviera a punto de lanzar toda su imagen por la borda con el controvertido “Black album”. Después de este último disco, los fans empezaron a ser conscientes de lo imposible que les resultaría abarcar la discografía completa de Prince. Después del legendario álbum negro, empezarían las primeras controversias con Warner Bros y la sospecha de que los cauces habituales de distribución de la música se le quedaban pequeños a Prince. Musicalmente, la mejor década de Prince hasta el momento: impecable, definitiva e histórica. Vitalmente, la sensación de haber sufrido al máximo para llegar hasta aquí: obsesión extrema, trabajo inagotable sin descanso, búsqueda constante de innovación, hambre por ser el mejor y hasta una muerte presentida a causa de una mala experiencia con las drogas. Después de “Black album”, Prince no volvería a ser el mismo. A partir de aquí, intentaría ser más feliz y sacrificaría menos su vida y sus horas de sueño en pro de su obra. Incluso para los genios la edad pasa factura; Prince merecía sufrir menos, afortunadamente, porque más años a ese ritmo seguramente hubieran acabado con su vida.


1988-1999. Etapa rojo-naranja. Segunda década: la cantidad y la muerte de un mito.
La primera resurrección de Prince comienza con la espiritualidad de “Lovesexy”, pero a lo largo de los siguientes años de su vida se vería abocado a resurgir varias veces de sus cenizas. De los treinta a los treinta y nueve años, Prince vuelve a tocar al cielo en al menos tres discos, pero baja severamente a los infiernos en distintas ocasiones. Gran parte de las tesis que había desarrollado en la década anterior se ven modificadas por una antítesis que dañará para siempre la imagen de Prince a los ojos del gran público. La crítica se volverá mucho más destructiva y exigente, incapaz de sentirse satisfecha con la enorme variedad de una obra inagotable: bien por demasiado adelantamiento a su tiempo, bien por excesiva irregularidad, los críticos no le perdonarían ningún error a Prince, al que ya no consideraban un niño y le pedían una obra maestra cada año. Además, el combate con la discográfica Warner Bros, que llevó a Prince a cambiar su nombre por un símbolo impronunciable y a tatuar en su cara la palabra “Slave” como protesta a la restricción que la gran compañía le imponía para dosificar el lanzamiento de sus álbumes, le condujo a un grado de incomprensión y hostigamiento que pocos artistas han recibido en toda su carrera. La cantidad no se traduce necesariamente en calidad, y la sospecha de endiosamiento y narcisismo autocomplaciente venía reforzada por el lanzamiento de discos triples que contenían tanta genialidad como desasosiego. Musicalmente, Prince produce tanto y tan bien como siempre: pero la distribución y la dosificación posiblemente no fueron las más adecuadas. Su deseo de controlar y publicar casi toda su producción constituyó un regalo inolvidable para los fans más acérrimos, pero demostró que Prince no era perfecto y produjo mucha confusión e incluso hartazgo. Vitalmente, nuestro artista creyó encontrar su destino y el amor de su vida con Mayte, a la que dedicó los mejores años de su vida; pero la pérdida de su hijo por una enfermedad mental y la posterior ruptura con la joven, provocarían un desencanto y una depresión de los que tardaría años en recuperarse. Si la década anterior terminó con la cancelación de su “Black album”, batiendo récords sin querer con las ventas piratas, en esta década Prince finalizaría con otra innovación sin precedentes en la propagación de su música. Se convertiría en el primer músico en ofrecer sus canciones por internet con su sello discográfico independiente, con tantos años de adelanto que sólo podemos calificarlo de visionario: el lanzamiento de “Crystal ball” fue incomprendido y criticado, pero el tiempo demostraría que Prince no se equivocó antes de cumplir los cuarenta años. En realidad, esta década a Prince le sirvió para aprender, para redefinirse, para recuperar y dignificar buena parte del material de sus años anteriores, para diseñar un símbolo originalísimo y ya mítico, para seguir arriesgando y componiendo, para disfrutar de momentos hermosos en su vida y para sacar al menos once discos magníficos.


1998- 2007. Etapa amarilla-negra. Tercera década: la síntesis y la resurrección de un mito.
Entre los cuarenta y los cuarenta y nueve años, Prince recuperó el cetro que siempre le había correspondido, obteniendo la admiración y el reconocimiento de las nuevas generaciones que lo homenajean constantemente, volviendo a obtener éxito comercial con un número 1 en los Estados Unidos, recuperando su nombre con una importancia significativa y trascendente, y realizando alguna que otra obra maestra que emplearía para alimentar su mítica historia. Esta década le ha ayudado a Prince, sobre todo en sus últimos años, a reafirmar su independencia creativa a través de un inteligente control de su obra, dosificando su talento para producir álbumes más redondos y menos irregulares. Sirviéndose además de las grandes compañías, de las que se ha beneficiado para volver al panorama musical y a las que ha cobrado un definitivo golpe maestro con el regalo de su último disco con los ejemplares de un periódico británico. Si las dos décadas anteriores habían terminado con una ruptura, también en ésta Prince se adelantará a todo el mundo con su nueva forma de mostrar su música y de paso justificar al público los años errantes e incomprendidos: demostrando que los verdaderos músicos se forjan en el directo con el contacto frente a frente con el público, cuestionando a los cantantes prefabricados por la industria y llamando a la necesidad de volver a valorar el talento y el riesgo artístico. Musicalmente, Prince se ha dedicado a disfrutar con sus nuevas canciones y a dar lecciones, sorprendiendo todavía por una frescura que ya quisieran sus coetáneos e incluso los artistas más jóvenes. Vitalmente, Prince se ha vuelto a casar, se ha vuelto a divorciar y parece que finalmente ha encontrado a un Dios a la medida de sus expectativas con los Testigos de Jehová. Ha distribuido su música por internet como ningún otro artista, ha regalado sus discos con mayores posibilidades de éxito comercial en los conciertos y ha creado once discos que se corresponden simbólicamente con un bloque musical parejo al anterior. Habría formado así un triángulo en el que la cima se situaría en la primera década de diez discos, custodiados por dos columnas gemelas de once discos cada una por cada década siguiente. Así quedaría formada subjetivamente su discografía hasta el momento, a la espera quizá de otros treinta años de disfrutar con su música. Mientras tanto, ya podemos pensar en una tercera década en la que Prince ha entrado en el Hall of Fame y batido récords de taquilla con sus conciertos, en la que por momentos ha sido un músico independiente y vanguardista de absoluta elite, en la que ha aumentado el número de fans entre las generaciones recientes y ha vuelto a enganchar a muchos antiguos de los que había perdido en el camino, en la que ha encontrado la armonía con Dios a través de la religión y en la que se ha convertido en una leyenda antes de cumplir los cincuenta años. Un artista (1), treinta años (3+0=3), treinta y dos álbumes (3+2=5), cuarenta y tres CDs (4+3=7) y cuatrocientos cincuenta canciones diferentes (4+5+0=9). Auguramos, como mínimo, quince años más de buena música. Estaremos ahí. Después de estas tres décadas en las que le ha pasado de todo, definitivamente Prince se merece tomarse un descanso para viajar y leer la Biblia todo lo que quiera.

18 abril 2008

La alumna pertinente


Puntual e imperecedera, Silvina Luv se aplicaba con ahínco a la investigación de la filosofía contemporánea. Concienzuda y coqueta, sus esforzados estudios se hacían notar en el centro de la clase. Las gafas rectangulares formaban parte de su analítico vestuario. Disimulaba su ambición con una sonrisa, y su espíritu competitivo con debilidad y rara indisposición. Confundía el notable con la mediocridad, y consideraba el sobresaliente una obligación previamente pactada consigo misma y con sus profesores. De pequeña había sobresaltado a sus padres en más de una oración, por su precocidad y despierta sabiduría. Ahora el tiempo le recompensa con una sólida (o líquida) carrera como modelo y presentadora.

25 febrero 2008

El salmantino errante


Monocorde pero simpático, Adán Martínez recorría cada medianoche las tumbas de sus supuestos antepasados. Cavaba, introducía las manos verdosas antes de entregar a la tierra su cuerpo seductor y fantástico. Reptaba por los pasadizos, se deslizaba entre los huesos maltratados y volvía a la superficie hecho una furia. Leía libros impropios y masticaba chicle genuino. Un día abstracto, descubrió en las líneas de sus pies el posible plano de un mapa del tesoro. Desdiciendo sus huellas, encontró en una mordedura de serpiente la verdadera identidad de su espejo.